Un Joker de verdad

Seré sincera: me encanta ver cómo crece el número de películas vistas en mi cuenta de Filmaffinity. Y si quiero seguir regodeándome con su manera de crecer tengo que seguir viendo y viendo películas nuevas. Esto tiene su lado bueno, que cuantas más películas veo, más películas conozco; pero también tiene su lado malo, y es que muchas veces desestimo la opción de volver a ver otra película solo porque podía aprovechar ese tiempo para seguir aumentando mi colección de votos. En el fondo, le doy más importancia a un simple número que al hecho de disfrutar de una película, la haya visto anteriormente o no, y aunque a veces esto no me guste mucho, tengo que reconocerlo: últimamente funciono así.

Hay otra ventaja en esto de preferir ver una película nueva que a volver a ver otra “vieja”. De vez en cuando me trago alguna mierda adrede solo para tener un voto más registrado en Filmaffinity. Me gusta mucho ir al cine y a veces mi única motivación para ir un día en el que la cartelera no es muy de mi agrado es saber que en dos horas mi número total de películas vistas habrá subido. Esta fue la principal razón que me llevó a ver Escuadrón Suicida este verano. La secundaria fue que tenía muchas ganas de ver a Jared Leto en el papel de Joker.

Nunca he logrado acabar de leer un cómic de Batman. He probado con varios y todos me han aburrido soberanamente. Sin embargo, creo recordar (y si no, lo consulto en Filmaffinity, que para eso está) que he visto todas las películas que se han hecho sobre este personaje. (Corrijo, no he visto aún Batman vs. Superman). Comenzaré diciendo que mis favoritas son las de Nolan, que eran mis favoritas porque fueron las que más me entretuvieron en el cine y poco más, porque como desde entonces no había querido “perder mi tiempo” volviendo a verlas, se me había ido olvidando por qué las había elegido de entre toda la variedad de Batmans para cine que tenemos a nuestra disposición. Ahora las he vuelto a ver y he recordado por qué me gusta la trilogía de Nolan y, en especial, El caballero oscuro: por el Joker.

Mi extraña obsesión por los números me había hecho olvidar lo importante que es volver a ver una película. La primera vez que la ves te centras casi exclusivamente en cómo se desarrolla la trama, y te quedas con los aspectos más superficiales: los efectos especiales, la caracterización de los personajes, alguna frase suelta… La segunda vez ya sabes lo que hay, es el momento de mirar más allá de lo que se ve a simple vista. A no ser que la película, la pobre, no tenga nada en lo que profundizar. He ahí la gran diferencia entre el Joker de Leto y el Joker de Ledger. El primero son fuegos artificiales, el segundo es un personaje magistralmente construido e interpretado.

El Joker de Nolan (asi simplificado, aunque el guión esté firmado por el otro Nolan y por David S. Goyer) es el personaje antagonista de Batman en El caballero oscuro. Creo recordar que la primera vez que lo vi en el cine me gustó, me hizo gracia, y me encantó pensar que detrás de esa caracterización se escondía un actor muy especial para mí. La segunda vez que lo he visto no me he dado cuenta de que debajo de esa famosa cara había un actor hasta que ha llegado un primer plano bastante cerrado que me ha revelado una fisionomía muy familiar para mí, ya casi al final de la película. Qué fascinante tiene que ser un personaje para que la cara del actor que le da vida se haya diluido completamente debajo de una espesa capa de maquillaje. El Oscar a Heath Ledger ya queda justificado.

Cuando ves El Caballero Oscuro por segunda vez ya no vas buscando qué locurita se le va a ocurrir al Joker ahora o cómo podrá Batman salir del lío en el que se acaba de meter. He de ser sincera: yo hice trampa, y antes de sentarme a ver esta película de nuevo ya sabía lo que quería encontrar: el tema de la película. El tema de una película, de una novela, de cualquier historia que se cuente no tiene nada que ver con el argumento (¿de qué va esta película?). El tema (sí, pero ¿de qué trata?) es, por explicarlo con pocas palabras, la idea que se quiere defender, o sobre la que se quiere debatir; la razón sobre la que se asientan los cimientos de todos los aspectos de la historia que te dispones a contar. Generalmente pasa desapercibido por el gran público, aunque, si la película es buena, la semilla suele quedar plantada en el espectador.

¿De qué trata realmente El caballero oscuro? Animada por la interpretación de José F. Ortuño (os invito a ver el vídeo antes de seguir leyendo), en cuyo canal podéis ver un montón de vídeos cortos sobre cine y series, quise yo también desentrañar todos los entresijos de una película tan compleja como esta para poder llegar al Origen (chiste para fans de Nolan totalmente gratuito) de esta historia. ¿De qué trata realmente El caballero oscuro? De la verdad. Y es precisamente el personaje del Joker el que estampa la verdad en la cara de todos los habitantes de Gotham. La verdad, una de las mayores virtudes, puesta en manos de un villano. Menudo giro. (Conviene pinchar en los enlaces para que la experiencia sea completa).

La verdad que el Joker necesita enseñarle a Gotham es que el hombre no tiene remedio. La sociedad está perdida por culpa de la moral, herramienta usada por el hombre para disfrazar las mentiras de verdades universales y construir civilizaciones en torno a ellas. El hombre necesita la moral para justificar sus acciones y para apoyar las reglas o leyes creadas para proteger a las sociedades. Pero, sobre todo, el hombre necesita apoyarse en la moral para corromperse, para recrear sus propias normas.

La corrupción es la clave de la película y el toque mágico de Nolan, que logra situarla de este modo en plena actualidad. Pero también es el nexo de unión entre nuestra actualidad y otros momentos de la historia universal en los que la corrupción ha hecho explotar a la sociedad a través de diferentes sistemas políticos, sistemas, todos ellos, que serán puesto en evidencia por el Joker: el imperialismo, el sistema más presente en esta película (al vídeo de Ortuño me remito); el anarquismo: Dos Caras es invitado a la anarquía por el Joker, dejándose convencer por el argumento de que solo en el caos surge la verdadera justicia, y es así cuando, al tomarse la justicia por su mano, Harvey Dent se corrompe; la democracia: los pasajeros del ferry que porta una bomba puesta por el Joker votan para resolver la cuestión de si deben o no hacer volar el otro barco, cargado de delincuentes, y sus reglas morales logran corromper este sistema, pues el resultado de la votación les da derecho a asesinar a treintamil personas de un plumazo; el totalitarismo: cuando la democracia no es efectiva, un hombre se alza para hacer él solo, y por el bien común, lo que nadie se había atrevido a hacer; y finalmente el capitalismo, sistema económico que, al corromperse, favorece la aparición de mafias que son capaces de saltarse cualquier tipo de moral establecida en beneficio de sus bolsillos, e incapaces de comprender cómo un loco, el Joker, puede hacer arder una enorme montaña de dinero.

El Joker es el personaje que encarna el tema de esta película. No solo logró Nolan convertirlo en un icono por su inolvidable estética, sino que también le dotó de simbolismo. El Joker simboliza la verdad, la Verdad con mayúsculas, para que se entienda, en El caballero oscuro. Por eso es el malo, el villano más famoso de la historia de Batman y de la trilogía de Nolan. El loco solitario que es capaz de poner en su contra a una ciudad entera, pues esa ciudad (que es, al fin y al cabo, metáfora de la sociedad occidental) está construida sobre mentiras que deben ser protegidas para que el sistema no caiga. Y es el antagonista de Batman, personaje que prefiere aceptar culpas que no son suyas antes que ver destruida su ciudad. ¿A quién vigila el caballero oscuro, a quién quiere salvar: a los ciudadanos de Gotham o a un sistema que le beneficia y le permite tener montones de dólares para poder gastarlos en ser Batman?

La respuesta a esta sencilla pregunta es mi argumento para defender que El caballero oscuro es una gran película y la mejor de la trilogía del Batman de Nolan. Haber escrito este artículo es mi recordatorio personal para que no se me vuelva a olvidar de que ver por segunda vez una buena película siempre merece la pena.

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