Así soy yo

(Pintura: Sleeping Woman II, de Fabio Modica)

Soy una mujer de treinta años. El color natural de mi pelo es moreno, pero ahora lo llevo teñido de lo que yo quise que fuera violeta pero la peluquera me dijo que mucho mejor burgundy y al final resultó siendo castaño cobrizo. Tengo el pelo rizado, y me encanta, y lo llevo ni muy corto ni muy largo porque me gusta hacerme coletas pero tampoco quiero parecer Dioni de Camela.

Mi cara es ovalada. Tengo la piel tirando a blanca pero de esa que se vuelve rosa con facilidad cuando hace mucho frío o vas al gimnasio y has sudado como un esquimal visitando Marruecos. Tengo bastantes lunares, de hecho, tengo un lunar en el labio. Mis ojos son marrones y mis pestañas son largas. Mi nariz es algo gruesa, probablemente sea la parte de mi cara que menos me guste, pero la que más me gusta son mis labios, porque son gorditos y me encantan. Tengo el cuello ancho y también tengo papada.

Mis hombros no son nada huesudos, están bien redondeados y dan paso a unos maravillosos brazos gordos, herencia materna, que siempre procuro tapar. Ya no solo es que estén gordos, es que están bastante flácidos. Lo que viene a ser: “lo tengo todo papi”. Además, tengo ese tipo de piel que ni sé cómo se llama pero que te salen granitos rojos y pequeñitos por los brazos y la espalda. Mis manos no son muy grandes, ni mis dedos muy largos, y mis uñas están bien o mal dependiendo del día, pero vamos, generalmente, están bastante descuidadas porque me las medio muerdo.

Mis tetas están caídas, y al caer me dejaron unas estrías que pareciera que mis propias mamas me hubieran desgarrado viva para crecer. La piel de mi pecho es muy blanquita y se me transparentan las venas. Mis pezones son grandes, pero no muy oscuros.

Para que mis tetas no se sientan solas, mi barriga también tiene estrías, y por no desconjuntarse con mis brazos, está bastante flácida. Mi ombligo es muy bonito pero el pobrecito se pasa siempre cubierto por mis michelines. Tengo dos michelines, son pocos, pero porque son grandes.

Si soy morena natural, imaginarse cómo tengo el coño. Aunque en general tampoco soy tan peluda, yo diría que tengo la cantidad de pelo normal, ni poco ni mucho. Tampoco me molesta para nada, tengo buena relación con mi vello corporal. El único que no soporto es el de las axilas, pero el resto no me hace sentir incómoda.

Mi culo es como un mapamundi, de grande y de plano. Tengo celulitis tanto en la parte más exterior de mi culo como en la parte de arriba de los muslos. Y tengo dos muslámenes pa’ curarlos y hacerlos jamones. Mis rodillas también están regordetas y mis pantorrillas simplemente están en sintonía con el resto de mi cuerpo. Junto a los tobillos, en la parte interior de cada pierna, tengo sendos tatuajes. Mis pies son anchos y mis deditos de los pies también están gorditos. Antes los odiaba pero ahora me hace mucha gracia mirarlos.

Aquí tenéis: una descripción completa, de arriba a abajo, de mí misma. Ya conocéis todos los secretos de mi cuerpo. Lo malo es que ni aunque supierais el número exacto de estrías que rodean a mis tetas, ni aunque contaseis todos y cada uno de los lunares que espolvorean mi piel, aunque conocierais cuál es mi peso y mi altura, cuánto mide el contorno de mis caderas… aunque lo supierais todo sobre mi cuerpo seguiríais sin tener la menor idea sobre quién soy yo en realidad, porque mi cuerpo no me define, solo me envuelve.

2 Comentarios
  • Toni
    diciembre 2, 2016

    Grandisimo! Te tenía por una loca pero esto me ha encantado

    • Beatriz
      diciembre 5, 2016

      ¿Gracias?

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